El ámbar se encuentra a menudo como componente de las pirámides olfativas de muchos perfumes. Para ser más precisos, la que se utiliza en perfumería es el ámbar gris, una secreción biliar del cachalote, producida para proteger las mucosas intestinales de las cáscaras de los moluscos de los que se alimenta el animal.
Se trata, en un principio, de una sustancia sólida, de color gris oscuro o negro, con un olor fuerte y desagradable. Naturalmente expulsada por el mamífero marino, esta masa oscura acaba flotando en el océano, donde el agua, la sal, el viento y los rayos del sol, realizan sobre ella una verdadera cura de belleza durante varios meses, aclarándola y purificándola hasta conferirle una consistencia cerosa y un aroma dulce y sensual de cuero, tabaco, mar y tierra.
El ámbar gris tiene un fuerte poder afrodisiaco debido a su alto contenido en feromonas, como otras sustancias aromáticas de origen animal, como el castoreum o el almizcle. Su perfume es apreciado especialmente por las mujeres, pero ejerce una fuerte atracción sobre los hombres.
El ámbar gris se utiliza en perfumería por su aroma, pero sobre todo por sus propiedades fijadoras, por esta razón constituye la base de muchos perfumes, ya que favorece la permanencia de las fragancias en la piel.
Los perfumes a base de ámbar gris, como Burberry Body y Valentina de Valentino, son refinados y espirituales, ideales para las noches, precisamente por el fuerte poder afrodisiaco que esta sustancia les aporta.
La rareza del ámbar gris y el largo proceso de maduración que necesita, hacen de ella un producto muy cotizado y caro, difícil de hallar con regularidad. Por esta razón la industria perfumista está estudiando la fabricación de su versión sintética, a partir de las moléculas de ambrein, su constituyente principal.


