El vetiver es un nombre indio que significa rastrillo hacia arriba y no hay más que mirar la planta para ver que así lo parece. El vetiver crece básicamente en países como la India, Indonesia y Sri Lanka, aunque ahora se cultiva en países tropicales como Haití. De sus raíces se extrae una aceite muy valorado en la perfumería por sus propiedades estabilizadoras y preservadoras del aroma. Su fragancia se caracteriza por un olor dulce, arbolado, terroso y almizclado que la convierte en ideal para la composición de perfumes.
El aceite esencial del vetiver se obtiene a base de la destilación del vapor procedente de las raíces. Se puede reconocer fácilmente por su fragancia única y colores parduzcos profundos. En aromaterapia se utiliza para estabilizar el humor y la emociones. Aumenta la autoconfianza y la concentración manteniendo a tono nuestra mente y activando nuestras neuronas.
Los problemas de la menstruación se pueden aliviar con unas gotas de aceite de vetiver sobre el abdomen. También revitaliza el sistema inmune del cuerpo y aumenta nuestra resistencia por lo que es ideal para reponerse de enfermedades. Aumenta el sistema respiratorio estabilizando la respiración.
En la medicina ayurvédica su raíz se ha utilizado como un ayudante estomacal y antídoto frente a venenos, además de ser considerado un purificador de la sangre ante fiebres y otras enfermedades. A nivel más casero, también es un excelente repelente de polillas y otros insectos.
La perfumería nos ha dado grandes perfumes con base de vetiver y que curiosamente en muchos casos le da nombre a la fragancia: Vetiver de Guerlain, desarrollado en 1959, es un perfume compuesto por una mezcla de notas leñosas, especiadas, secas y exóticas, recomendado para uso casual. Pure Vetiver de Azzaro, con un fondo de vetiver envuelto en ruibarbo, mate y con la suavidad del liatrix. Vetiver Hombre de Adolfo Domínguez es la reinterpretación de la raíz de vetiver con la elegancia, la masculinidad y la estabilidad que caracteriza a esta esencia.



