Alberto Morillas, considerado por sus colegas de profesión como El Maestro, es un sevillano que de niño emigró con sus padres a Ginebra. A los 20 años encontró descubrió el mundo de los perfumes y quiso ser perfumista. Entró a trabajar en Firmenich una de las principales firmas del mundo en creación de perfumes y en fabricación de materias primas sintéticas y para la que aún hoy trabaja. Empezó como ayudante de laboratorio y se impregnó del conocimiento de todas las materias primas y libros científicos. Allí su mujer, asistente de laboratorio, repasaba sus fórmulas y juntos crearon en 1974 su primera fragancia.
Morillas recuerda que, aunque lleva 37 años en el mercado de las fragancias, ha sido un arduo trabajo hasta estar aquí. Años de mucho trabajo hasta conocer todas las materias primas y memorizarlas. Estudiar todos los perfumes clásicos y todos los que existen en el mundo. Gracias a esa labor y a su talento innato, Alberto dispone de una de las mejores memorias olfativas del mundo que alberga más de 2.000 esencias diferentes. Sus aromas favoritos para la creación de un perfume son los mediterráneos, frescos, florales, sensuales, todos los que le inspira la belleza.
Desde hace décadas que el proceso de creación de una fragancia ha cambiado, Morillas ha de saber poner aroma y fórmula a un idea que viene ya producida desde marketing, con su nombre y su público. Su labor como nariz es escribir la partitura con las notas aromáticas para armonizar la creación, y Morillas tiene una trayectoria llena de aciertos y grandes éxitos como 212 Women de Carolina Herrera, Flower by Kenzo, Miracle de Lancóme, L’eau d’Issey de Miyake, Omnia de Bulgari, Acqua di Gio, o una de sus últimas creaciones, una fragancia femenina sensual y etérea: Essence de Narciso Rodriguez. Su fórmula del éxito : la creatividad y sensibilidad que pone en todas sus perfumes.




