Él afirma que el olfato hay que entrenarlo, que su capacidad olfativa no es genéticamente mejor que ninguna otra, se trata simplemente de estudiar y desarrollar una memoria olfativa, que permita reconocer más olores. Pero aunque su nariz sea como la de todos los demás, la pasión a Thierry Wasser, le viene “de serie” si, como él mismo recuerda, durante su infancia entre las montañas suizas, mientras los demás niños coleccionaban cromos, él se confeccionaba su propio herbario.
Tras cumplir los estudios de botánica, frecuentó la escuela de perfumería de Givaudan, donde fue sucesivamente cotratado como perfumista. En 1993 pasó a Firmenich para llegar, en 2007 a la firma Guerlain, donde colabora con el mismo Jean Paul para crear algunas de las obras maestras de la casa, como Idylle. Thierry cuenta que en aquella época estaba muy enamorado, por ello pensó en ese perfume como una “lagrima de amor”, idea de la que deriva la peculiar forma del frasco.
El perfumista suizo es un apasionado de música clásica y hace una comparación entre un compositor de música y un creador de perfumes, en cuanto primero nace la idea, la imagen olfativa, y luego hay que trabajar para crearla. Para darle vida a un perfume se puede tardar un año, o año y medio, y si el resultado final se corresponde con la idea original, se habrá conseguido el éxito, se podrá decir que fue un trabajo bien logrado.
Con él descubrimos que viajar es una parte fundamental de la labor de las “narices” que recorren el mundo en búsqueda de las materias primas que formarán parte de nuestros perfumes favoritos. A Italia por las bergamotas, a Madagascar por la vainilla, a Venezuela por el haba Tonka… Y además se viaja para descubrir perfumes nuevos, que se puedan “recoger” en el lugar, o que haya que “grabar” en la memoria olfativa para poderlos reproducir en laboratorio.
Padre de perfumes de éxito como Dior Addict, Fuel for Life for Her de Diesel e Hypnose de Lancome, Thierry Wasse sostiene que con los perfumes no existen reglas: que cada uno los aplique donde quiera y en la cantidad que quiera. Rompiendo con la norma que afirma que hay que usar el perfume con moderación, el perfumista suizo confiesa que a menudo le critican por estar “demasiado perfumado”!


